Quinto domingo de Cuaresma

Is 43, 16-21

Las lecturas de este domingo enfatizan el perdón de Dios, que saca a la persona de una existencia cerrada en sí misma, y abre nuevos horizontes. Para llegar a esta tesitura es necesario descubrir que el amor de Dios anticipa al creyente, y que la fidelidad de Dios es tan profunda que no se deja derrotar por el rechazo humano. Este enfoque se contempla en la primera lectura dirigida a los deportados de Babilonia. Si Dios ha actuado en el éxodo de Egipto, lo hará ahora con los nuevos esclavos, favoreciendo una liberación.

El texto forma parte de dos anuncios salvadores de Dios (Is 43,14-15; 43,16-21), que están articulados de manera semejante. En el segundo la promesa de la transformación del desierto cierra la sección, como se observa también en Is 41,17-20 y 42,16. Aquí el profeta insiste en que el nuevo éxodo superará al antiguo, pero hay que recordar que la terminología concuerda en múltiples términos.

De las liberaciones históricas a las personales: Las esclavitudes, los desconciertos anímicos, ambigüedades, etc, pueden imprimir en nuestro caminar rigidez, ensanchar la soledad. El mensaje profético nos ayuda a comprendernos como hechura de Dios, y con tal cercanía podemos transformarnos, y desde aquí puede surgir precisamente alabanza y el canto en nuestra existencia.

Sal 125, 1-6

El Sal 125 es una acción de gracias por el retorno del exilio (s.IV), y al mismo tiempo una plegaria que en cualquier circunstancia a la comunidad de fe le sirve de oración, y como cauce de expresión religiosa.

Predominan las siguientes imágenes: 1. El tema del agua en el páramo es frecuente en el Dt-Is, en cuanto una renovación del éxodo. El agua en el desierto simboliza la vida. 2. La segunda imagen subraya el gozo de la cosecha después de la fatiga de la siembra.

Claves de comprensión: a) El cambio de la suerte de los exiliados. El Sal proclama que ha sido un cambio inesperado. b) El gozo del sueño por este vuelco. Tan grande es que les parece un sueño. Pensar que la vida proporciona sólo sinsabores es una visión pesimista, alejando de esta manera la sorpresa de Dios ¿Nos da vértigo descubrir este gozo? El Salmo concluye que Dios crea alegría.

Referencia para la fe: Las fatigas y zozobras humanas son condición indispensable para apreciar la abundancia y futuras alegrías. Para la fe no hay caminos al vacío, pero primero hay que sembrar para cosechar más tarde. Una vida sin vicisitudes no existe; en mayor o menor grado tenemos que afrontar retos, que nos maduran, y es “cuando la boca se nos llena de risas y cantares”, pero Dios nos puede allanar el camino enormemente, y tal vez cuando menos lo esperamos o soñamos.

Fil. 3, 8-14

La presente perícopa pertenece a un escrito polémico integrado en esta carta, que tiene como objetivo esclarecer la situación de la comunidad, y protegerla. Pablo tiene en el punto de mira los herejes aparecidos en Filipos, que consideran a sí mismos “perfectos”, pero en realidad son enemigos de la cruz de Cristo. La comunidad no debe dejar seducirse por estos infiltrados, y el apóstol se pone como ejemplo de coherencia, dentro de otras exhortaciones que dirige a la comunidad en esta sección de la carta polémica (3,1-4,1.8-9).

En el centro de la preocupación se encuentra el conocimiento de Cristo, presentado como el único bien digno de ser buscado, y desglosado aquí en aspectos particulares. Este conocimiento hay que entenderlo como eje-gozne que transforma la totalidad de la persona, y supone una obediencia al mismo, vinculando al núcleo de la persona. Este conocimiento es visto como una dinámica que transforma a quien es sabedor de su incidencia, y en dicho conocimiento existen dos vertientes: exige un reconocimiento total y tiende a un proceso de transformación.

La fe: proceso transformador. ¿Nos conocemos lo suficiente? El dejar que Cristo y su palabra escrita incidan en nuestra existencia significa que continuamente debamos revisar nuestros criterios y motivaciones a la hora de manifestarnos y actuar. Muchos de nuestros logros son pasajeros, fugaces, y no producen en nosotros una capacidad de compromiso. Pablo aquí se torna sarcástico, en cuanto el pasado no cuenta más; la meta es la que define. Y el modelo se desvela en Cristo, que en todo momento se fió de Dios Padre. No sirve la contemplación de nuestros triunfos conseguidos, sino la purificación constante.

Jn 8, 1-11

La perícopa de la adúltera ha sido “definida como una perla perdida de la antigua tradición” (W. Heitmuller). Ha sido incorporada al ev. de Jn, pero su lenguaje no corresponde a dicho evangelio. La inserción entre los caps. 7 y 8 probablemente obedece al texto de Jn 8,15-16: “yo no juzgo a nadie, y, si yo juzgo, mi juicio no es válido”. El tema del juicio está muy presente en 7,24.51; 8,15-16.26.50. En el texto salen a flote dos concepciones: la misericordia de Jesús y la legalista de los escribas y fariseos, y la idea de Dios está en la base de dichas concepciones. Jesús es descrito como un juez sereno y majestuoso. Jesús no quiere que ninguno se erija juez de los otros, desde el momento que el hombre es sujeto del pecado que condena a otros. Ninguno delante de Jesús de su propia conciencia permanece inocente. Como magistralmente escribió san Agustín, quedaron “solamente la miseria y la misericordia”, la una frente a la otra (In Johannis Evangelium Tractatus 33,5).

Página que desenmascara el ayer y el hoy: F.Dolto, psicoanalista francesa, interpreta así la escena: “Jesús hace marchar a todos, no con una acción, sino con una reflexión, una mirada nueva dentro de sí mismo. En lugar de atrincherarse en la ley y condenar la mujer, reflexionad…. Quizás son los más ancianos también los más humildes y reconocen más rápidamente lo auténtico. Ninguno se siente sin pecado” (La libertad de amar). El perdón impide que el hombre quede encerrado en su pasado y lo abre a un devenir posible. La lógica subversiva del perdón sustrae al hombre del peligro del tanto-cuanto, y lo orienta a la novedad de Dios, permaneciendo como palabra última y definitiva la potencia del amor constante que sabe ir más allá del pecado y debilidad de la persona.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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