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Jer
1, 4-5. 17-19
Esta narración es
uno de los ejemplos más claros de
cuanto significa la llamada de Dios sobre
un hombre. El profeta no nos ofrece circunstancias
concretas de esta primera llamada de Dios
a Jer. Las vocaciones de Is y Ez están
revestidas de un ambiente solemne y expectante.
En cualquier caso queda claro en este relato
que su vocación profética
es impuesta por Dios, tarea y misión
que él no busca, y más bien
va contra su carácter temperamental.
Las narraciones de vocación
pertenecen a un género literario
importante, que contiene seis elementos:
1. encuentro con Dios, 2. discurso introductivo,
3. orden divina con los verbos “ir”
y “enviar”, 4. objeción
del enviado, 5. palabras de aliento con
la fórmula “yo estaré
contigo”, y 6. signo de elección
divina. Estos elementos se dan en Jer, pero
con la pequeña variante que la objeción
precede a la orden, cosa comprensible, ya
que la orden aparece implícitamente
discurso introductivo al decir Dios: “te
nombraré profeta de las naciones”.
En Jer. en relación
con otros relatos en la descripción
del encuentro con Dios se limita a decir
“recibí la palabra del Señor”.
El lugar, e incluso los medios, se antojan
secundarios, y todo el peso recae sobre
la palabra que se “comunica”
al hombre. En Jer se indica que no ha sido
elegido para “gozar de Dios”,
sino para entregarse a los demás.
Y el modo de esa entrega será la
tarea de profeta, es decir, hablar en nombre
de Dios. En la objeción, como Moisés,
siente miedo y se ve desbordado por la grandeza
divina. En la orden Dios no acepta la objeción,
porque no le preocupan las cualidades de
sus mensajeros, pues lo importante es revelar
los intereses divinos. Dios por medio del
profeta Jer va a pronunciar no una invención
humana, sino la palabra del Señor
en una época de crisis, que no cabe
en moldes antiguos. Dios le lleva a aceptar
un destino que no le atraía.
El
cristiano es un llamado: Dios se
puede hacer presente en nuestras vidas para
que seamos sus mensajeros, y se necesita
delicadeza espiritual, mucha luz humildad
para reconocer que es el Espíritu de Dios
quien habla, dejando la palabra de Dios
siempre una fuerte seguridad, profunda humildad,
mucho gozo interior y audacia espiritual.
La llamada de Dios es gratificante, aunque
a veces vaya acompañada de contrariedades,
miedos, dificultades, etc.
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Sal 70
(varios versículos)
El Sal. pertenece al
género de súplica, pero
ésta puede incluir, como miembro
integrante, la alabanza y la acción
de gracias, prometidas o anticipadas;
y esto la hace la súplica con generosidad.
Tanto que el orante no sabe avanzar en
su petición sin interrumpirse,
aludiendo a breves o amplios actos o promesas
de alabanza.
Situación:
el orante es un anciano. Eso dibuja el
perfil individual del Sal y se convierte
en clave unitaria de comprensión.
El anciano se complace en repasar su biografía,
y lo hace escuetamente, pero en compensación
se refiere globalmente a las tribulaciones
de la vida: “me hiciste pasar por
peligros muchos y graves”. Más
importante aparece la referencia tan fugaz
como densa: “me instruiste”;
significativa porque la instrucción
es un proceso lento, prolongado, que empezó
en la juventud y alcanza hasta ahora.
La esperanza presente
en el anciano destaca más. Que
Dios haya sido su esperanza desde su juventud
muestra que es buen israelita, y, además,
continúa esperando: vida, dignidad
creciente, consuelo, v. 20-21.
El anciano y el tiempo:
el orante encuentra en Dios un refugio
“siempre accesible”, sin interrupción,
en cualquier momento (v. 3); él
siempre ha confiado en Dios (v. 6) y ahora
seguirá esperando sin cesar (v.
14), tal como dice el Sal: “todo
el día” (v. 8. 15).
Trasposición:
El
núcleo del Sal es la vivencia de la ancianidad,
presentada con una forma límpida imágenes
del debilitamiento. Se contempla la vida
desde una etapa madura, sintetizando toda
la existencia. Recordemos las palabras
de San Pablo: “cuando soy débil, entonces
soy fuerte”, y, por su parte, el Sal proclama
la certeza de que Dios no abandona a los
suyos en las fragilidades. El Sal canta
la cercanía de Dios al creyente en su
última etapa de la vida, verdadero protagonista
del poema, quien a lo largo de los años
ha confiado en Dios. De esta manera sus
días se trasforman en una aleluya perenne,
porque a Dios se debe la alabanza, ya
que sólo El salva.
1Cor 12,
31 - 13, 13:
Es una de las páginas
más bellas de la Escritura. Nos
la debiéramos saber de memoria,
pues se resumen tantas vivencias de vida.
Como cristianos desde aquí nos
debiéramos juzgar. Es un canto
al amor cristiano, que: no es posesivo,
orgulloso, voluble, envidioso, rencoroso,
maleducado, injusto, irascible, vanidoso,
egoísta, sino todo lo contrario:
paciente, comprensivo, generoso, humilde,
alegre, servicial, respetuoso, solidario,
misericordioso, gratuito, confiado, incondicional,
y todo esto “sin límites”.
La ruptura de cálculos o maquinaciones
es la señal distintiva del amor
cristiano, y no lo olvidemos ¡de
ser persona radicalmente humana!, no angelitos.
Estas características no son un
sueño o ilusión poética,
sino la atmósfera aportada por
Cristo con su presencia histórica,
y después de él una posibilidad
real de vivir quien cree en El.
Lc
4, 21-30:
Esta lectura aparece
estrechamente unida a la del domingo pasado,
terminando así el relato del ministerio
de Jesús en Nazaret. Según
los sinópticos Jesús visitó
tres veces: en la primera (domingo anterior)
Jesús es acogido con alegría;
en la segunda, con admiración y
en la tercera, con recelos y amenaza de
muerte. En esta presentación original
del ministerio de Cristo Lucas lo compara
(aunque no es exclusivo suyo) con la misión
de Elías y Eliseo. Jesús
no sólo viene a Israel, sino para
todos los hombres. La actitud de los nazaretanos
simboliza el rechazo de sus palabras y
sus enfoques.
Lucas enmarca en un marco
histórico y biográfico el
impacto del profeta, rechazado y amenazado
de linchamiento, aludiendo a la cerrazón
de los judíos ante la palabra del
Señor y a la futura misión
de la iglesia entre los paganos. La alusión
a Elías y Eliseo son interpretados
como “la superación de los
límites impuestos por el carácter
nacional”, anticipando así
la misión de la iglesia. La alusión
es propia de Lc.
La
aceptación de la palabras de Cristo, cuales
creadoras de humanismo cristiano. ¿Se
rechaza hoy a Cristo? ¿Se ignora a la
iglesia jerárquica o sus enfoques? ¿Cuáles
son las apetencias de la persona de hoy?
¿Hay espacio para la gratuidad? ¿No domina
una cultura cerrada en si misma, reflejo
de la autosuficiencia de la persona moderna,
un tanto ensimismada? ¿Las palabras de
Cristo desvelan posibilidades a la persona?
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