Tercer domingo del Tiempo Ordinario

Neh 8, 2-10

Estamos en la época del postexilio. Esdras, sacerdote y escriba, volvió desde Babilonia para colaborar con Nehemías, el gobernador, en la restauración. Dejó babilonia el año 398, trayendo consigo una caravana de repatriados (Esd 7,1-10).

En el acto de la promulgación de la ley Esdras aparece como hombre maduro y familiarizado desde hace muchos años con la misma. El fracaso en su empeño por reconstruir las murallas de Jerusalén (Esd 4,6s) hizo que dejara la dirección del grupo de repatriados y se dedicara a sus funciones sacerdotales y al estudio de la ley. Vivió en Jerusalén unos catorce años.

¿De qué Ley se trata? Esdras pudo dar a conocer por primera vez todo el orgánico del libro de la Ley, el Pentateuco. Con su obra redaccional procuró sistematizar las diferentes tradiciones legislativas, donde Dios se había ido revelando poco a poco.

La escena de hoy describe la lectura de la ley ante todo el pueblo. Esdras de pie toma el rollo de la ley y lo lee ante la asamblea. La ley ayuda al pueblo comprenderse ante Dios, y de ahí las reacciones ante su lectura. El pueblo sabía que la palabra de Dios es eficaz y conmueve los corazones. Toda la Sagrada Escritura es palabra de Dios, escrita para nuestra edificación. Hoy se nos dice que “el gozo en el Señor es vuestra fortaleza”.

En palabras breves, se nos describe la “renovación de la alianza, solemne y festiva”, después que el pueblo, en gran parte, volviera del exilio, y se comenzaba la restauración. Es el comienzo de una nueva etapa, que el pueblo corrobora con la respuesta: Amén, Amén.

Referencia a la vida: Cuando se empieza una nueva etapa se suele solemnizar. Se exterioriza cuanto se vive a nivel personal. En el ámbito religioso a veces las situaciones suponen una ruptura con vivencias anteriores, o se han descubierto nuevas dimensiones debido a razones variadas, y en este caso por un mayor conocimiento de la palabra de Dios, que posibilita una nueva conciencia, pero, no olvidemos, con el auxilio divino.

 

Sal 18, 8. 9. 10-15

El Sal. se compone de dos cánticos diferentes. Los v.2-7, el primero, versan sobre la naturaleza, y los v.8-15, el segundo, sobre la ley. Los v.2-7 se inspiran en el Sal 8, siendo una especie de complemento. Ambos contemplan la majestad de Dios visible en la creación, y los salmos respectivos describen la solidez emotiva y espiritual ante la experiencia de Dios en la naturaleza. Los v.8-15 provienen de la tradición cultual, y se han sistematizado para el uso litúrgico. Por su forma y contenido se trata de un salmo análogo a Sal 119.

Es un canto a la Ley del Señor, que es perfecta, creíble, límpida, y da luz a los ojos. La “ley” contiene el auto-testimonio de Dios, su manifestación en la historia. Ella intenta educar y salvar, y por eso es la base de una fuerte confianza en la bondad de Dios. El autor sabe que por la “ley” se desvela la referencia de la persona con Dios, la ley infunde nueva vitalidad, sabiduría al errante, da seguridad en el caminar, etc.

¿En la vida se necesitan normas? ¿Sólo de carácter civil? ¿Cómo juzgamos las instrucciones religiosas? ¿Abarcan sólo el ámbito espiritual? ¿Son suficientes las normas del derecho natural, o simplemente los derechos humanos? ¿Quién educa la persona: el estado sólo, los padres, la escuela? ¿Qué credibilidad se otorgan a las indicaciones que derivan de la palabra divina? ¿Son de tercera o cuarta categoría? ¿Son modernas o anticuadas? ¿Cuál es el criterio último para orientar nuestra vida?

1Cor 12, 12-30:

Esta lectura proporciona una importante doctrina sobre la unidad y diversidad de los carismas y sus funciones, que Cristo unifica en su cuerpo, que es la iglesia. La razón última es la unidad trinitaria: “Todos hemos bebido de un solo Espíritu”.

Una reflexión, casi una parábola, sobre la diversidad y la unidad en la vida de la iglesia.

Lc 1, 1-4. 14-21:

Contiene el prólogo al ev. y el discurso programático de Jesús, presentado en la sinagoga de Nazaret. Es un resumen de las líneas fundamentales de su vida e ideales: cercanía y defensa de los necesitados, a aquellos que sufren, libertad a los cautivos, vista a los ciegos, un año de gracia. Jesús “hoy” simplemente anuncia, e inicia un movimiento de salvación; en El Dios se hace presente y marca las pautas de la actuación humana dentro de la historia.

Jesús lee Is 61,1-2a. La liturgia se desarrollaba del modo siguiente: iniciaba con el Shemá para profesar la unicidad de Dios (Dt 6; 11), seguía la oración de las 18 bendiciones. Se leía un fragmento de la Ley y a continuación una lectura profética relacionada con la primera lectura. La ley es parafraseada en arameo para hacerla más comprensible a los oyentes, que hablaban cotidianamente esta lengua. Jesús se ajusta a esta praxis judía y toma la palabra en la liturgia, probablemente un sábado por la mañana.

Lc interpreta en clave profética la misión de Jesús, que no es condenar, sino ser médico de quienes sufren, no juzgando a quienes se equivocan o cometen fallos, crear espacios de alegría, etc.

El “hoy” significa, por una parte, el inicio de esta predicación de Jesús, y, por otra, el cumplimento del mensaje leído. Dios desde ahora hablará por medio de la persona de Jesús, y sólo otorgará esta “palabra breve”, como bien dirá S. Juan de la Cruz.

Ilustración de la vida humana: Con su presencia Jesús crea la lógica de la gratuidad de Dios. Aporta la novedad desbordante de Dios, actúa desde la gratuidad de Dios. Hace comprender al hombres sus posibilidades, pero defendiéndolas desde esta aceptación del don gratuito de Dios, que no se apoya en el hombre. No es una realidad al alcance del esfuerzo del hombre, descarta toda autosuficiencia y protagonismo humano excluyente. Rompe la lógica egoísta del hombre, ya que ésta es aplicada consciente o inconscientemente a sus vivencias religiosas y termina por oscurecer el sentido de Dios mismo. El hombre con su actuación engendra situaciones que otras personas deben padecer y soportar. El programa de Jesús viene de Dios, y se encarna ineludiblemente en la historia de la persona de todos los tiempos.

Lucas insiste en mencionar a los ciegos, los pobres y los cautivos, en sus situaciones reales, corporales, sociales y espirituales, que constituyen símbolos de tantas esclavitudes personales en el arco de la historia.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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