Segundo domingo del Tiempo Ordinario

Is 62, 1-5

Pertenece a la época del postexilio, cuando el pueblo se recuperaba de los sufrimientos del exilio y de la destrucción correspondiente, momento en que cundía el desánimo.

Es un mensaje de consuelo ante una situación nueva, y Dios le hace saber a su pueblo su cercanía, sirviéndose de imágenes esponsales. Dios quiere que Israel comprenda que se alegra de poder dirigir nuevamente su historia en nuevas circunstancias. A Israel ya no le llamarán más “abandonada”, sino la “favorita” de Dios, porque se volcará nuevamente con su pueblo. Dios no queda mudo, sino que le va hablar otra vez para mostrarle su cercanía.

Este texto de Is se halla en la parte central del Trito-Isaías.

Referencia a la vida de fe: A veces se puede pensar que el tedio, la rutina o la derrota es la palabra definitiva sobre la vida, sin embargo el profeta en este domingo nos muestra que la tristeza no es la situación característica del cristiano. La cercanía divina, y el ser sabedores de ello, nos anima diariamente en nuestros momentos de desconcierto y dudas.

Sal 95, 1-10 (versículos no continuados)

Es un himno a la realeza del Señor, colocado en la serie 93-99: de ellos, el primero canta la toma de la posesión solemne, el segundo el comienzo de la actividad judicial, el tercero la amonestación del soberano y el cuarto es un himno triunfal. El autor cita versos de otros salmos, adopta, imita, consiguiendo una composición unificada y animada por el entusiasmo. Quiere cantar el reinado sereno y universal. La universalidad se manifiesta en todo el desarrollo un carácter enumerativo. De hecho, se puede apreciar en la reiteración del adjetivo “todo”, “entero”, que suena siete veces: tierra, pueblo, dioses, árboles. Todo y todos han de participar en la fiesta y la alabanza. Todos menos los dioses, porque todos los dioses son puros ídolos inertes.

El autor se sirve de otros modelos narrativos, como el salterio e Is 40-66, especialmente los caps. 40-55. Destaca una terminología cultual, como bendecir, cantar, pregonar, contar, etc., y la alabanza universal: todos los pueblos, naciones, y toda la creación.

Composición del salmo: está dispuesto según el esquema de himno, en dos ondas desiguales: 1-3: invitatorio, v.4-6: atributos de Dios, v.7-10: invitatorio, v. 11-12, nuevo invitatorio, y v.13: causa de reinado universal. El Sal se caracteriza por las repeticiones de palabras, y también por su sonoridad.

Vertiente cristiana: Es un salmo que invita a descubrir que el mundo y la creación reflejan la bondad de Dios, que ha culminado con el envió de su propio Hijo, causa de alegría de gozo para quien cree en El. Y en este sentido todos son invitados a alegrarse en este Dios, que irradia su luz a todas las naciones, y de ahí surge una alabanza universal.

1Cor 12, 4-11

Durante siete domingos escucharemos en la lectura determinados fragmentos de San Pablo a los corintios, ciudad portuaria del sur de Grecia. El Apóstol estaba preocupado por los grupos opuestos que surgían en la comunidad, y deseaba una unidad en el Espíritu. Estos grupos se componían de miembros que a veces no procuraban la armonía de la comunidad.

S. Pablo habla hoy de los carismas dentro de la comunidad cristiana: 1) en la gran diversidad de estos dones, hay un único y último principio: El Espíritu santo; 2) estos dones tienden a la utilidad común. Este criterio de finalidad sirve para discernir su verdad: nadie, so pretexto de carisma, puede justificar intereses individuales. La enumeración de los carismas hecha por Pablo no es exclusiva. Tampoco está limitado el periodo de los carismas al tiempo apostólico. El Espíritu sigue distribuyendo en el tiempo de la iglesia carismas, conforme a su voluntad.

Los carismas en la iglesia: cada uno de nosotros tiene unas cualidades que puede poner a disposición de la comunidad de fe, la iglesia. Los carismas no son cosas raras, sino cualidades de nuestra persona, suscitadas por el Espíritu Santo. Hay quien puede ser catequista, otro pertenecer a un coro religioso, otro ayudar en cáritas, algunos pueden limpiar la iglesia, fomentar el espíritu misionero, formar parte de un grupo de oración, ayudar a los sacerdotes en tantas cosas, etc…., y todo para hacer presente a Dios en la historia humana, y los cristianos son sus instrumentos.

Jn 2, 1-12

En las bodas de Caná Jesús comenzó sus signos. Es una nueva manifestación de Jesús, por eso se incluye en el ciclo de las Epifanías. La conversión del agua en vino para aliviar la situación crítica de los novios es un buen regalo de bodas: tantos litros de vino muy bueno, vino nuevo a raudales.

Es, sobre todo, el signo de un cambio trascendental, el paso de lo antiguo a lo nuevo, de la ley al amor, de la letra al Espíritu. Y es una prueba de la llegada del Mesías. Hay que valorar la mediación de María, la mujer mesiánica, la madre que adelanta la hora del Hijo, que adelanta la hora del Hijo.

La boda de Caná de Galilea apunta a las bodas de Dios con el hombre. Es una de las más hermosas revelaciones de Dios, como puede verse en los profetas. También Juan el Bautista se refiere a Jesús como el novio (cfr. Jn 3,29). El mismo Jesús alude a ello. “¿Pueden acaso los invitados a la boda estar tristes mientras el novio está con ellos” (Mt 9,15).

Quiere decir que Dios nos ama, y nos lo muestra en la presencia de su Hijo. En Jesucristo se ha manifestado su misericordia y su ternura, su generosidad y su gracia. El vino bueno sería la calidad y la intensidad de este amor, que viene a ser una participación del Espíritu Santo. Nuestra relación con Dios no debe centrarse en el cumplimiento de una ley y unos ritos o en la aceptación de unos dogmas. Hay que pasar de la ley al amor, de la letra al Espíritu.

Tesitura de fe: En Cristo la humanidad queda embellecida y enriquecida por el Verbo de Dios, y se une a ella indisolublemente. Cristo el abrazo amoroso entre Dios y el hombre. Cristo es una boda viva y permanente.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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