Vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario

Ex 32, 7-11. 13-14

Constituye el primer acontecimiento después de la alianza, caracterizado por una ruptura de la misma. Se mantiene el recuerdo de la rebelión en la montaña del Sinaí, aunque se notan similitudes con el pecado de Jeroboán (2 Re 12, 26-30). Los versículos iniciales describen la construcción del becerro de oro, hechura humana, manipulación de Dios y engaño de sí mismo. El fragmento de hoy en modo homogéneo se centra en el proceso del pueblo ante Dios (v. 7-10), la súplica intercesora de Moisés (v. 11-13), y, al final, en el perdón divino (v. 14).

Esta sección tiene trazas literarias y teológicas de la vertiente deuteronomística, que ha ampliado tradiciones precedentes. Aquí Dios entabla un juicio con su pueblo, acusándole de haber roto la alianza, y éste reconoce su pecado y Dios le perdona. Sigue las pautas de un proceso judicial, donde el acusado confiesa su culpa.

El contraste purifica: Crecemos tantas veces en la medida que nos abrimos a los demás, que nos ayuda a comprendernos de manera más sensata. Renunciar a esta polaridad sería adorarnos a solamente nosotros. El abanico vital del creyente está coordinado por Dios, en cuanto que se infiltra en la atmósfera que respiramos cotidianamente. Por otro lado, la tentación del hombre “agnóstico” es sustituir todo aquello que no entiende y puede llevar a reducir su horizonte vital. La vertiente trascendental la interpreta como esfera invasora, y en ausencia de Dios piensa haber encontrado en sí mismo su conocimiento, permitiéndole la “hechura” o “producción” de sí mismo, la auto realización lograda en la historia. Pero es lícito preguntar: ¿qué criterios anidan en su interioridad y quien los ilumina? La lectura del Ex cómo Dios ayuda a entenderse al hombre, de lo contrario acabará por venerar sus propias “hechuras”.

 

Sal 50, 3-4.12-15.18-19

Salmo penitencial por antonomasia. Está muy unido al 51, formando dos actos de una liturgia penitencial. El Sal 50 describe el patrón jurídico que configura el acto, el 51 describe el desarrollo del proceso. La litúrgica penitencial consiste en una acción que realiza cuanto describe. El misterio del hombre o un pueblo, a quien Dios reconcilia consigo, se descubre también en un proceso judicial. No olvidemos que tratamos de un misterio, y la actitud para vivirlo es la fe, e igualmente el análisis ayuda a la fe misma para comprender nuestros desvaríos.

El Salmo 50 define y describe la conciencia bíblica, cristiana y universal del pecado y del perdón. Aunque suele atribuirse a David, parece más probable situarlo en el s. VI, porque aquí convergen elementos característicos de los profetas, sobre todo al final, cuando se vivía una época de restauración, es decir, en el postexilio. Revela un dinamismo interior rico, apoyado en la oración, como sucede en Dan 3; 9; Neh 9; Es 9, reflejando una actitud muy similar.

Estructura: Confesión del pecado (v.5-7), súplica de perdón (v.8-11), súplica de “renovación” (v.12-14), voto y acción de gracias (v.15-19).

- perdón del pecado (v. 3)
   - lávame de mi pecado (v. 4)
      - purifícame del pecado (v. 4)
         - reconozco mi pecado (v. 5)
            - pecado (v. 5)
                - trasgresión (v. 5)
                   - pecado (v. 6)
                      - mal (v. 6)
                         - Dios justo y juez (v. 6)
                      - iniquidad (v. 7)
                   - pecado (v. 7)
                - verdad (v. 8)
            - sabiduría (v. 8)
         - reconocer (v. 8)
      - seré limpio de pecado (v. 9)
   - lávame (v. 9)
- perdonar (v. 11)

Apertura: Aunque nuestro caminar fuese oscuro como la noche, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Se necesita sólo una cosa: tener nuestro corazón abierto. El resto lo hace Dios. Toda vivencia penitencial inicia con el perdón y concluye con el perdón. La fragilidad ética y moral puede ayudarnos a comprendernos. La vivencia de la culpa nos dignifica, pues reconocemos que Dios nos fortalece, y el salmo de hoy nos ofrece este itinerario para descubrir a Dios en nuestro ánimo.

1 Tim 1, 12-17

La experiencia del apóstol sirve para explicar los mecanismos del hombre encerrado en sí mismo, que pueden desembocar en una gama de actitudes: violencia, dureza mental, lenguaje desabrido, etc, pues fuera de sí no hay otra posibilidad existencial. La apertura a Dios puede cambiar de un plumazo este túnel determinista, que aprisiona al hombre. Sólo cuando descubre que la llave para conocerse está en actitudes, que se podían desglosar en un “existir para los demás”, “salir de sí mismo”, “dirigirse hacia”, “acoger en sí”, etc, y, en este proceso puede descubrir al desconcertante Dios, que derrocha misericordia, y posibilita un gracias por la vida. Nuestras enfermedades se pueden curar con recetas y vivencias de perdón, pues Cristo muestra “toda su paciencia” con el creyente y no creyente.

Lc 15, 1-32

Lc 15 es una composición lucana con un material preexistente. A una introducción redaccional (v.1-2) siguen dos parábolas similares: la oveja perdida (v.3-7) y la moneda pedida (v. 8-10), que reflejan una estructura paralela, y posiblemente ya estaban unidas en la fuente Q. A éstas añade Lc una narración amplia de su tradición, y bien confeccionada literariamente, es decir, la parábola del hijo pródigo. Lc 15 ocupa un puesto determinante en el viaje de Jesús hacia Jerusalén, y suele considerarse “el corazón del tercer evangelio”, “el evangelio en el evangelio”. Jesús ahora ya no come con los fariseos, indignados con su comportamiento, sino con los pecadores: Jesús comporte la alegría salvadora de Dios con aquellos que está perdidos.

El rostro misericordioso de Dios: Las parábolas invitan al cambio de mentalidad y entrar en la perspectiva divina, comprender su actuar, compartir su alegría, un Dios que ha decidido buscar al hombre, especialmente aquellos que no se estiman y ni son valorados por razones éticas, y acogerlo con bondad, ternura y apremio. La parábola del hijo pródigo es “la historia universal del hombre, lejanía del todo, encuentro con la nada y retorno”.

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



LECTURAS Y HOMILÍAS

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